Es mi intención compartir una grata experiencia. Asistí a una ceremonia de casamiento civil, donde el Juez de Paz no se limitó a los formalismos de circunstancia. Al ser en este caso los abuelos del novio testigos de esta unión, muy sabiamente resaltó el juez el gran valor que ellos representan. No muchos jóvenes que se casan, dijo, tienen la suerte de contar con su presencia en tan importante circunstancia de sus vidas. Los abuelos son el tronco de la familia, la sabiduría, el respeto y la identidad familiar. El amor incondicional que nos ofrecen tiene el valor de enriquecer nuestra formación. Hoy, cuando los padres suelen ausentarse del hogar, los abuelos son los reemplazantes maravillosos que ocupan su lugar, no sin sacrificio pero con entrega total. Incondicionales viejos que siempre estarán presentes, con sus anécdotas, sus cuentos, sus complicidades. Queridos abuelos que nos permiten transgredir algunas normas impuestas por nuestros padres en su afán de educarnos. Son para nietos y padres, indicadores del camino. ¿Quién no recuerda la casa de los abuelos con olor a pan caliente y mimos?

Noemí Barrenechea

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